Muestra de fotografía
The invisible man in the outskirts
Laia Escartín inaugura DISPARANDO A LOS MÁRGENES, nuestro espacio dedicado a la fotografía, con The invisible man in the outskirts. Una selección de fotografías realizadas con la cámara Harinezumi en las que la artista indaga sobre el concepto de márgenes.
Desmenuzar las hojas al caminar, cantar en la calle, gritar ante el borde de un acantilado, coger la mano, bailar, sonreír y dejar de sonreír, encender un fuego, soplar la llama; morderme los labios para enrojecerlos, hacer pausa cuando tartamudeo, pensar en las cosas pequeñas, romper el cuadro, cortar las olas, cortarme el pelo. Las miradas que hablan en el tren. Crujir la tapa de un libro nuevo, acariciar las hojas dejando la huella del dedo sucio, exhalar el aliento de las páginas.
Escuchar la Gymnopedie Nº. 1 de Satie en un día de lluvia. “Escalofriar” con los vibratos, llorar con Natalie Wood. El monólogo entre Natasha Kinski y Harry Dean Stanton.
La electricidad de un ronce intenso… Buscar, encontrar, entender, detenerte, vagar, perder, buscar…. Despertar y ver que estás abrazada. Esperar el tren y que la puerta se pare justo delante. Conversar con música cuando las palabras sobran… cuando afina la orquestra antes de empezar…: la vigilia de un concierto. Palpitar con “Los versos del Capitán” de Pablo Neruda. Aparentar que eres ciega cuando caminas por la calle. Hablar en idioma inventado con tus amigos entre la muchedumbre.
Mirar a un desconocido e inventar la historia donde debe estar sumergido. Hundir los dientes en una galleta de mantequilla. Dar con la respuesta correcta cuando ni tan sólo has escuchado la pregunta. Decir una frase al revés y que te entiendan. El silencio de los exámenes, cuando deslumbra el trazado inquieto de los bolígrafos, o los instantes enmudecidos por el saboreo de una comida. Cantar toda la familia en el coche y reírnos sin motivo ninguno. Atisbar a mis padres cogidos de la mano. Dudar de las teorías científicas más extendidas. Ver que alguien ha cumplido un sueño. Alzar la cabeza, vislumbrar la luna y saber que algún amigo también está haciendo lo mismo. Suponer las crisis existenciales de mi vecino, de los vagabundos, de los animales en el Zoológico, de los osos polares, de los prisioneros, de los pequeños en la guardería... Aproximarme a cuantas personas deben de estar haciendo muecas ahora mismo. Sentir que el mundo, al fin y al cabo, tampoco es tan inmenso.
Me encanta pensar que cada cosa es alegoría de algo más grande (y algo más pequeño).
Pero, ¿qué es grande y qué es pequeño?
Laia Escartín


